Cuaresma 2026: Escuchar las cenizas, atravesar la historia.

 

Cuaresma 2026: Escuchar las cenizas, atravesar la historia.

Ocean Castillo Loría.

 

La Cuaresma no es una pausa devocional en medio del calendario.

 

Es una confrontación histórica.

 

Si el Adviento nos enseñó a esperar críticamente, si la Navidad nos obligó a mirar la encarnación en clave de conflicto, y si la primera parte del Tiempo Ordinario, nos ha mostrado la praxis concreta del Reino, la Cuaresma 2026 nos coloca ante la pregunta decisiva:

 

¿Estamos dispuestos a asumir el costo histórico de nuestra fe —aquí y ahora, en el mundo concreto que habitamos en lo que llevamos del 2026?

 

No hablamos de un costo emocional.

 

Hablamos de un costo estructural.

 

Porque la fe cristiana —si es fiel a la Escritura— no ocurre fuera de la historia. Ocurre dentro de ella. Y cuando ocurre dentro de la historia, inevitablemente entra en conflicto.

 

En el libro del Génesis, capítulo 3, versículo 19, leemos: “Polvo eres y al polvo volverás”. En el miércoles que ha marcado el inicio de la Cuaresma, se nos impuso la ceniza: la ceniza no es un gesto teatral. Es una declaración antropológica.

 

Somos frágiles.

 

Somos finitos.

 

Somos históricos.

 

Esa historicidad tiene fecha. Tiene coyuntura. Tiene titulares: Costa Rica y el mundo han vivido tensiones que no son abstractas:

 

-          Nuestros problemas fiscales.

-          Nuestros problemas de endeudamiento y de sostenimiento del gasto social.

-          Los cuestionamientos de inversión en educación y seguridad.

-          Las luces y sombras, en materia de tipo de cambio.

-          Las preocupaciones sobre el tema del desempleo.

-          Nuestras luces y sombras, en el tópico de la política comercial.

 

Tensiones sociales:

 

-          En materia de financiamiento educativo.

-          En combate al crimen organizado.

-          Sobre políticas ambientales y políticas energéticas.

 

La ceniza en nuestra Cuaresma 2026, tiene nombre: fragilidad, polarización, fatiga institucional.

 

Y, si a esto agregamos, el escenario internacional, nos encontramos:

 

-          La persistencia de la guerra en Ucrania.

-          El conflicto en Irán.

-          Tensión sobre la política económica de los Estados Unidos y sus repercusiones en el mundo.

-          Alertas climáticas.

 

Aceptar la ceniza, implica: entender que nuestras estructuras: económicas, políticas y sociales son frágiles. Pero aceptar la fragilidad no es resignarse. Es abrir posibilidad de reconstrucción.

 

El I domingo de Cuaresma, en la iglesia latina, nos lleva a la lectura de las tentaciones a Jesús, en esa iglesia católica (De la que somos parte), estamos en un ciclo litúrgico, en el que, durante los domingos, leemos el Evangelio según San Mateo.

 

Así, en este libro, en el capítulo 4, versículos del 1 al 11, se encuentra el relato mencionado: esta narración, no es una fábula moral. Es un tratado político-teológico.

“No sólo de pan vive el hombre…”.

 

“No tentarás al Señor tu Dios…”.

 

“Al Señor tu Dios adorarás…”.

 

Estas tentaciones no son antiguas; son contemporáneas:

 

1. Manipular el hambre:

 

Cuando la inflación internacional afecta alimentos y combustibles, la tentación es convertir la necesidad en instrumento político: subsidios sin sostenibilidad, promesas sin respaldo fiscal, discursos que capitalizan el miedo.

 

2. Instrumentalizar lo sagrado:

 

En un clima polarizado, la religión puede convertirse en arma cultural: Dios como aval de proyectos ideológicos: ¿No hemos visto eso, en las recién pasadas elecciones, en la disputa entre los partidos Nueva República y Pueblo Soberano?

 

3. Dominar sin cruz: La tentación de resolver la crisis mediante concentración de poder, debilitamiento de controles institucionales o desprestigio sistemático del adversario: ¿No es esto, por lo que han votado las mayorías en las elecciones de febrero de este año?

 

Si regresamos al evangelio, nos daremos cuenta que, Jesús es llevado al desierto. El desierto revela algo decisivo: La Cuaresma no es represión del deseo, sino discernimiento del poder.

 

Precisamente, en oposición, a ese dominio sin cruz, Jesús la abraza, camina su senda: Roma no crucificaba místicos inofensivos. Crucificaba subversivos.

 

La acusación sobre la cruz lo confirma:

 

“Este es Jesús, el Rey de los judíos” (Mateo 27: 37).

 

En 2026, la lógica de la cruz se repite cada vez que:

 

-          Se sacrifica inversión social para sostener equilibrios financieros sin reforma estructural.

-          Se deslegitima al adversario para preservar hegemonías.

-          Se manipulan las crisis migratorias en la región.

 

La cruz revela la lógica del sistema: preservar la estabilidad aun a costa de que haya víctimas.

 

Así, tal y como lo decían los teólogos histórico – críticos, Marcus Borg y John Dominic Crossan, estamos ante un sistema de dominación, éste con tres componentes:

 

-          Una política egoísta.

-          Una economía, igualmente egoísta.

-           Una cultura altamente opresiva.

 

Eso incomoda (O debería incomodarnos), tanto en Jerusalén del siglo I como en el San José del siglo XXI.

 

Cuando Isaías proclama: “Desatar los lazos de maldad… partir tu pan con el hambriento” (Isaías 58:6-7), está vinculando espiritualidad y justicia social. En este 2026, tal postulado, debería hacernos pensar en:

 

-          Modelos de desarrollo que dependen de enclaves tecnológicos con limitada integración territorial.

-          Desigualdad persistente entre zonas urbanas y rurales.

-          Vulnerabilidad ante decisiones monetarias externas.

 

La fe no puede limitarse a consuelo espiritual, mientras la estructura económica define quién prospera y quién sobrevive.

 

En una coyuntura marcada por debates intensos y discusiones globales amplificadas por redes sociales, el ayuno más urgente es verbal (A esto nos ha llamado el Papa León XIV):

 

-          Ayunar del insulto.

-          Ayunar del desprecio.

-          Ayunar de la caricaturización del adversario político.

 

Esto es clave en los tiempos presentes, donde:

 

-          Un tuit puede incendiar mercados.

-          Un video editado puede polarizar comunidades.

-          Una narrativa simplificada, puede erosionar la confianza institucional.

 

La Cuaresma es también disciplina del lenguaje.

 

Ahora bien, el camino de la Cuaresma, tiene una meta: la Pascua; y el centro de la Pascua, es la resurrección de Jesucristo: “Ha resucitado” (Mateo 28,6).

 

La resurrección no borra la guerra en Ucrania.

 

No elimina la tensión energética europea.

 

No suprime las presiones sobre economías pequeñas como la costarricense.

 

Pero proclama que:

 

-          La injusticia no es definitiva.

-          Los imperios no son eternos.

-          Las víctimas no quedan sin memoria.

La Pascua es esperanza crítica, no evasión histórica.

 

Con todo esto claro, este tiempo deberíamos reflexionar en las siguientes preguntas:

 

-          ¿Reconocemos la fragilidad fiscal y social del país?

-          ¿Estaremos dispuestos a aceptar la concentración del poder?

-          ¿Estamos claros en el costo que implica en estos tiempos, defender la justicia social?

-          ¿Contribuimos a la violencia digital o la desactivamos?

-          ¿Es la esperanza cristiana, ingenua o transformadora?

 

Hay tres reducciones que la Cuaresma debe evitar en 2026:

 

-          Espiritualismo desencarnado — rezar sin mirar el déficit, la guerra o el desempleo.

-          Activismo sin fundamento — indignarse sin discernimiento evangélico.

-          Ritualismo vacío — recibir ceniza sin revisar estructuras.

 

El mundo no se ha detenido para nuestra devoción.

 

Desde el inicio de la Cuaresma 2026:

 

-          Los mercados siguen moviéndose.

-          Las guerras continúan.

-          Las asambleas siguen deliberando.

-          Las redes siguen polarizando.

 

La pregunta no es si el mundo está en crisis.

 

La pregunta es si la Iglesia —y cada creyente— está dispuesto a convertirse dentro de esa crisis concreta.

Porque la Cuaresma no es un refugio.

 

Es una travesía histórica.

 

La cruz sigue siendo escándalo.

 

La Pascua sigue siendo esperanza.

 

La decisión —también en 2026— sigue siendo nuestra.

 

 

 

 

 

 

 

 

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