Reflexión de Navidad.
Reflexión de Navidad.
Ocean Castillo Loría.
La Virgen María, le dirá a su
prima Isabel: “Él hace proezas con
su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los
poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a
los ricos los despide vacíos.” (Evangelio según San Lucas).
Los soberbios, son los que no perdonan, los poderosos, se
aferran a su poder; los ricos, se aferran a su riqueza. El niño Jesús que nace,
es el “Príncipe de la Paz” (Profeta Isaías), para lograr esa paz, se requiere
perdón, el perdón, es un gran valor.
De este modo, podremos combatir la polarización política que
nos divide. Esta Navidad, se celebra a las puertas de la realización de
elecciones presidenciales y legislativas. La Doctrina Social de la iglesia,
junto a otros reformismos, nos dicen que, la democracia representativa, se
puede mejorar; se puede hacer una democracia más participativa.
Toda política dividida por los soberbios, les conviene a
ellos, esa polarización, es lo que esta gente, llama: “democracia”. En este
absurdo, en este sin sentido, es en el que estamos viviendo. Desde la política,
como arte y como ciencia, el conflicto es natural: es el caso de los partidos
políticos y sus diferencias ideológicas, pero esto no significa, que perdamos
nuestro sentido común, como base de nuestra ética.
Como país, deberíamos volver a una ética cristiana, esa
ética, debería trascender nuestros partidos políticos. Ellos, deberían buscar
el bien común; y traducirlo al bienestar del mayor número. En esta lógica, la
luz de la Navidad, nos debería llevar a vencer la polarización.
Por esa luz, no deberíamos olvidar las demandas más
significativas de nuestra ciudadanía, al sistema político: seguridad, empleo,
costo de la vida… esas demandas a las que, el Presidente de la República, a las
que la diputada oficialista nacionalizada, de origen extranjero, tratan de
responder solo discursivamente; o en su defecto, moviendo a su favor los
parámetros estadísticos.
Durante la “Primera República”, el poder se centralizaba en
la Presidencia del Ejecutivo, pero, con las reformas de la “Segunda República”,
mucho de ese poder se descentralizó. Pese a esto, en la ciudadanía se siguen
poniendo los focos en el Presidente; y él, aprovechando esta ignorancia, explota
esa atención.
Véase que, en Adviento y Navidad, hacemos dos ejercicios:
vamos a la historia (Hacemos memoria), pero también hacemos presente
(Memorial), lo que esa historia nos enseña. Quizás, de cara al proceso
electoral que viene, deberíamos hacer lo mismo, entender que: lo mejor de
nuestra democracia política y de nuestra democracia social, es fruto de una
síntesis del liberalismo político, el socialismo cristiano, el socialismo
costarricense y la socialdemocracia clásica.
El pasado nos sirve para saber, pero, el presente es acción
para un futuro. Ese futuro, debe planificarse, proyectarse con conciencia.
Conciencia de esa, que es nuestra historia costarricense. Nótese que, Jesús,
nace en medio de un pueblo; y un pueblo, con conciencia de tal. En nuestro
caso, esto se ha perdido a costa del individualismo economicista.
Hoy, para muchos políticos, somos dígitos, números, por su
parte, muchos empresarios, están encerrados en sí mismos; encerrados en sus
clubes, encerrados en sus condominios; ante la competencia monetarista, el niño
Jesús, nos ofrece la solidaridad.
Jesús, hoy, debe nacer en una Costa Rica que no nos gusta:
agotados en el consumo, estresados de cosas reales e imaginadas (Las crisis
inventadas para alimentar el neo populismo de derecha); angustiados “por
conseguir el pan”; invadidos por el desprestigio, por la crisis de valores, por
la falta de educación.
Hoy, los neoliberales nos dicen que, “cada uno haga lo que
quiera”. En ese libertinaje, nos estamos quedando solos… este es el verdadero
paganismo, no el que señalan algunos desconocedores de la historia de la
iglesia.
Precisamente, el paganismo, siempre implica una adoración
consciente, directa y deliberada, de dioses falsos (¿No hacemos eso con el
dinero?; ¿No hay sectores de nuestra sociedad que están haciendo eso con la
clase gobernante actual?).
Nos dicen los profetas Jeremías e Isaías (10: 1 – 16 y 44: 9
– 18, respectivamente), que los seres humanos, tendemos a hacer ídolos y a caer
en la idolatría. Lamentablemente, cristianos no católicos, caen en anacronismos
y mala exegesis; el problema no es “poner un árbol de Navidad”; el problema, es
sustituir a Dios del corazón.
Lo cierto es que Jesucristo nos ha nacido; hemos de
celebrarlo, como los ángeles lo celebraron (Lucas 2: 14); los pastores,
glorificaron a Dios por ello (Lucas 2: 20); esa encarnación, es la base de la
Buena Noticia del Evangelio (Gálatas 4: 4).
Por ello, deberíamos aprovechar este tiempo, para dar gracias
a Dios, para adorar exclusivamente al único Dios verdadero. Esto es fidelidad a
la Palabra de Dios revelada, esto es una fe, formada y madura.
Esa fe, formada y madura, nos debe hacer entender que los
relatos de la Navidad, nos presentan a un Dios, que se nos muestra como un
marginado. Jesús nace, como pobre entre los pobres. sin garantías, sin lugar
apartado para esperarlo (Nace en un establo, es colocado en un pesebre).
En la Navidad, el centro no está en el Palacio de Herodes; el
centro no está en el Templo; no está entre Escribas y Fariseos. El centro no
está en los gobernantes del imperio romano, aquellos que gobernaban un sistema
de dominación: una política y una economía egoístas, una cultura, basada en la
opresión, sustentada en la pesada interpretación de la Ley de Moisés.
Si vemos nuestros portales, y les quitamos las luces, veremos
que la escena de la Navidad, está llena de: inseguridad, intemperie, cansancio,
crisis. En medio de esa palestra, nace Dios, el niño Jesús que pide abrigo y
protección.
En el relato de San Mateo, el centro es San José; en el
relato de Lucas, el centro es Santa María: ellos, hombre y mujer reales: José,
protector; María, madre; José, el que sostiene a María, María, la que sostiene
al niño.
María, mujer pobre que viene de un pueblo irrelevante. José,
un hombre obrero, descendiente de una monarquía, que, en el siglo I, estaba
plenamente derrotada (La de David); ni José ni María, son de las “clases
poderosas, de las clases ricas, de las clases gobernantes”.
Pero son ellos, al consentir, los que sustentan los relatos
de los Evangelios de Mateo y Lucas: precisamente, estos autores, junto a Marcos
y a Juan, nos dirán más adelante, que, “los reyes títeres”, rechazan a Jesús;
que los Escribas, los Fariseos y los Saduceos, rechazan a Jesús; el Procurador
Romano (Representante del emperador); rechaza a Jesús.
José dice sí a Jesús; María dice sí a Jesús; los ángeles,
dicen sí a Jesús; los pastores, dicen sí a Jesús; los magos de Oriente (No
judíos), le dicen sí a Jesús. José y María, entregan su tiempo, su vida, su
mañana por el niño.
José y María, no dominan los acontecimientos, el ángel le
dirá a José, que huya con el bebé y la Virgen a Egipto (Sí, Jesús es migrante,
cosa en la que deberíamos reflexionar en tiempo de fuertes migraciones).
No hay en José, en María, en los pastores, en los magos,
soberbia: lo que encuentra Dios Padre, son corazones dispuestos: ellos, están
asumiendo un riesgo: los padres del mesías, son candidatos a ser asesinados;
los pastores, que eran marginados del judaísmo del templo, acogen a su Dios, en
medio de sus impurezas; los magos, están reconociendo a un rey, ¡Que no es el
César! Sí, ser cristiano, tiene costos.
Por otro lado, recordamos lo que dijera en su momento, el
Pbro. Álvaro Sáenz Zúñiga, en el sentido que, si vemos muchas de las profecías
mesiánicas, veremos: “que se cumplen en lo pequeño”, en eso pequeño, que muchas
veces es la cotidianidad (¿No es en la cotidianidad que se lleva a cabo, la
visita de los magos de Oriente?).
Regresemos a José: él es el hombre del silencio, de la
obediencia; y como diría este año, Monseñor José Rafael Quirós, “de la acción”:
cuidado, decisión, sostén. José, es el patrono de nuestros trabajadores (“San
José obrero”). De esos trabajadores, que
mantienen en pie la sociedad sin reconocimientos ni prestigio. Esos
trabajadores, que, al abrirse las fauces del desempleo, pasan a la
informalidad. Sin San José, sin trabajadores, la historia no camina hacia
adelante.
Jesús nos ha nacido, y a los primeros a los que se revela, es
a los pastores: repetimos: ellos, eran marginados por la religión judía: su
trabajo les llevaba a la impureza (De arranque, la contaminación por sangre,
fruto del nacimiento de las ovejas; además, los que eran pagados, no eran muy
honestos). Conste, a ellos, como a nosotros, no nos cubre mérito para esa
revelación: los pastores, por impureza, “estaban fuera de la sociedad de su
tiempo”. En el caso de lo que la religiosidad popular, conoce como “los reyes
magos”, ellos, “estaban fuera de la sociedad”, por no ser judíos…
Retornemos al principio: dijo María a su prima Isabel: “Él hace proezas con su brazo: dispersa a
los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los
humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide
vacíos.” (Evangelio según San Lucas).
Navidad, la verdadera Navidad, debería hacernos actuar,
ungidos por el Espíritu del niño de Belén, por los humildes y por los
hambrientos, por los que, gracias al sistema de dominación, del momento
presente, están fuera de la sociedad.